El Observatorio del Colegio de Belén

150 años de aportes a la ciencia.

Yédica Leal
La Voz Católica

 El P. Pedro Cartaya, SJ, capellán del Colegio Belén y director del observatorio, bajando de la cúpula donde se encuentra el telescopio Schmidt-Cassegrain, de 12 pulgadas.
Fotos: Yédica Leal

Cada año, durante la temporada de huracanes, los habitantes de la Florida permanecen pendientes del televisor y atentos a los partes meteorológicos. Esto mismo hacían los residentes de La Habana en 1858, pero, en vez de encender el televisor, abrían el periódico para leer el parte meteorológico que daban los sacerdotes jesuitas desde el Observatorio del Colegio de Belén.

“Se previnieron muchas víctimas y daños mate-riales, en una época donde no había ni satélites ni aviones que dieran este tipo de información”, explica el P. Agustín Udias, SJ, reconocido sismólogo, profesor emérito de la Universidad Pontificia Comillas, en Madrid, y profesor de geofísica de la Universidad Complutense de Madrid. “Desde allí se predijo por primera vez un ciclón”.

 El P. Agustín Udias, SJ, sismólogo y antiguo colaborador del Observatorio del Colegio de Belén en La Habana, junto al P. Cartaya, en el observatorio de dicho colegio en Miami.

El P. Udias visitó Miami en conmemoración del 150º aniversario de la fundación del Observatorio del Colegio de Belén, en La Habana. Durante su visita ofreció dos charlas, una en la Universidad Internacional de la Florida (FIU, por su sigla en inglés) y otra en el Colegio de Belén, donde habló sobre las contribuciones científicas de los jesuitas a través de la historia. “Mi charla está centrada en la meteorología y la sismología, y haciendo énfasis en la figura del P. Benito Viñes, SJ, director del Observatorio del Colegio de Belén en La Habana”.

El P. Viñes fue crucial en el estudio del movimiento circular y la traslación de los huracanes. “Al él se le atribuye la histórica predicción del paso de un huracán que azotó a Cuba el 12 de septiembre de 1875”, señala el P. Udias, graduado de geofísica de la Universidad de St. Louis.

 Un fragmento del meteorito que cayó en China en 1516, expuesto en el Observatorio del Colegio Belén, en Miami.

El P. Viñes se dedicó al seguimiento de la trayectoria de huracanes tropicales y estableció estaciones en las Antillas Menores para detectar su desplazamiento. “Esto era cuando todavía no había ninguna teoría científica sobre los huracanes”, explica el P. Udias, quien estuvo asignado al observatorio de La Habana mientras estudiaba.

Hoy en día, todos los centros meteorológicos usan las técnicas de predicción de huracanes del P. Viñes, que las formuló en 1888.

En el observatorio de La Habana se estudiaban la actividad astronómica, los magnetismos terrestres y la sismología. Contemporáneos del de La Habana eran los observatorios jesuitas de Asia y África.

 Los diferentes telescopios e instrumentos científicos que utilizan los miembros de los clubes de astronomía y meteorología del Colegio Belén, en Miami. 

Los primeros observatorios jesuitas se remontan a los siglos XVII y XVIII en Europa. “Los jesuitas introdujeron la astronomía moderna europea en China y trabajaron como directores del Observatorio de Pekín durante 200 años”, explica el P. Udias. A pesar de que la abundancia de observatorios estatales ha disminuido la presencia de los jesuitas en la meteorología, ellos siguen dirigiendo observatorios en Manila, Bogotá, La Paz, St. Louis, y en Boston College.

A diferencia del Observatorio de La Habana, el de Miami es usado por estudiantes del colegio. Todos los martes, alumnos de los grados de secundaria y superior participan en clases de astronomía, y los miércoles en clases de meteorología.

“Éstos son cursos extracurriculares, sin crédito académico; los que vienen, es porque les interesa”, explica el P. Pedro Cartaya, SJ, capellán del colegio y director del observatorio.

El club de astronomía y el de meteorología forman parte de la Academia de Belén para las Ciencias de la Tierra y el Espacio (BASES, por su sigla en inglés), y cuentan con los servicios de científicos e instrumentos profesionales.

“Tenemos un astrónomo que trabaja medio tiempo, y un meteorólogo permanente. Los estudiantes de astronomía han tenido la oportunidad de visitar instalaciones de la NASA, observatorios en Arizona y en Puerto Rico”, explica el P. Cartaya, graduado del Colegio de Belén en La Habana.

El Observatorio de Belén está localizado en la azotea del colegio, y dentro de su cúpula, que es accesible por una escalera, se encuentra un avanzado telescopio Schmidt-Cassegrain de 12 pulgadas.

Los alumnos aprenden a estudiar las tablas de huracanes, a hacer sus propias predicciones para la temporada (que son incluidas en el parte meteorológico oficial de Belén), y algunos tienen la oportunidad de reportar en vivo para diferentes estaciones radiales desde el estudio radial del observatorio.

“De los clubes han salido astrónomos, científicos y hasta un piloto de las Fuerzas Aéreas que se está entrenando para astronauta”, agrega el P. Cartaya.

“Me siento muy orgulloso de ser parte de este grupo y de una tradición como la del observatorio”, señala Javier González, estudiante de sexto grado y miembro del club de astronomía del colegio.

“Estoy dichoso de poder asistir a un programa que no muchas escuelas tienen”, explica González, que aspira a proseguir sus estudios científicos.