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Antón Diabelli:
Un promotor musical sin precedentes
Con demasiada frecuencia, los biógrafos dedican su encomiable
trabajo a la investigación y publicación de obras sobre los
músicos de su preferencia, donde se sigue en detalle su
trayectoria personal y creativa, abundando en especificaciones
que llegan hasta la más abarcadora descripción de sus opus,
e incluso al descubrimiento de piezas perdidas en lo profundo de
antiguas bibliotecas.
Sin embargo, no se ha ubicado en el lugar que merecen a aquellas
personalidades cuyo amor a la música les llevó a convertirse en
promotores y mecenas de compositores casi siempre carentes de
recursos. Gracias a su misión, podemos contar con obras que de
otra manera no habrían existido, o permanecerían engavetadas. El
entusiasmo de estos promotores, que en muchas ocasiones los
llevó a la ruina, sirvió de estímulo al desarrollo de la música
en todos sus géneros.
Uno de ellos es Antón Diabelli, para quien este año marca el
150º aniversario de su fallecimiento. Este músico, pianista y
compositor, además de editor de música y profesor de piano y
guitarra, nació en Mattsee, ciudad próxima a Salzburgo
(Austria), en septiembre de 1781, y, paralelamente a su
educación para entrar en las órdenes monásticas, cultivó su
genio musical. Finalmente, la vocación musical triunfó sobre la
religiosa, y se trasladó a Viena, donde se desempeñó como
maestro de piano y guitarra.
Pero además de su habilidad musical, Diabelli tomó una decisión
que le abrió las puertas de la fama. En 1818 creó una sociedad
con Pietro Cappi para editar y publicar partituras musicales. La
firma, Cappi & Diabelli (que se convertiría en Diabelli & Co. en
1824) se hizo muy conocida por crear arreglos de piezas
populares que pudiesen ser interpretados por los aficionados en
sus casas. La firma se hizo célebre entre los círculos musicales
más “serios”, al ser la primera en publicar obras de Franz
Schubert, un compositor que después la firma promovió, con una
visión de futuro que la caracterizó durante muchos años.
El nombre de Diabelli es sinónimo de un grupo de composiciones,
especialmente una que lleva su nombre, surgidas por una especie
de aventura editorial. En 1819, decidió hacer una convocatoria
para publicar un volumen de variaciones sobre un vals que
escribió expresamente con ese propósito, con una obra de cada
compositor austriaco vivo en aquel tiempo, así como varios que
no eran austriacos, pero que Diabelli consideraba
significativos. La convocatoria tuvo una resonancia
considerable, pues cincuenta compositores aportaron sus piezas,
entre ellos Franz Schubert, Franz Liszt y Johann Nepomuk Hummel.
Posteriormente, se le solicitó al no menos prestigioso Carl
Czerny que compusiera una coda a la selección, que fue publicada
con el nombre de Vaterländische Künstlerverein
(Asociación de Artistas Patrióticos).
Beethoven, quien en aquel momento estaba ya considerado como uno
de los compositores más relevantes, decidió ir más allá de la
solicitud, y, en vez de escribir una sola variación, se apasionó
de tal manera con las posibilidades que le propiciaba el vals,
que escribió una serie de treinta y tres. Diabelli publicó las
variaciones de Beethoven en un volumen independiente, que
constituye lo que generalmente se considera como una de las
obras para piano más gloriosas de Beethoven, y el conjunto de
variaciones más notable de su tiempo, conocido en el mundo
musical como las Variaciones Diabelli, opus 120.
Sin deslumbrarse por el éxito de las Variaciones Diabelli,
el laborioso editor austriaco prosiguió con su misión de
promoción y publicación de música hasta su jubilación en 1851,
cuando dejó el mando de la casa editorial a Carl Antón Spina.
Cuando Diabelli murió, en 1858, Spina continuó adelante con la
firma, y publicó un amplio repertorio de Johann Strauss II y
Josef Strauss.
Diabelli produjo un modesto repertorio de obras, entre ellas una
opereta llamada Adam in der Klemme, varias misas y
canciones y un amplio número de piezas para piano y guitarra,
entre las cuales figuran varias composiciones para cuatro manos,
muy populares entre los pianistas aficionados. Pero el mérito
principal que le garantizó un sitio en la historia de la música
es precisamente su capacidad para impulsar la obra de
compositores que marcaron una impronta indeleble, gracias a su
incansable misión editorial.
Crítico independiente.
djvega@bellsouth.net
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