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El riesgo de la Iglesia en Estados Unidos

Vivimos en un país donde se utiliza la denuncia muy
frecuentemente: se denuncia al jefe, al empleado, al vecino, al
gobierno y también a la escuela. En el ámbito educativo la
situación es grave. Un niño que desgraciadamente se rompe una
pierna en una excursión, puede arruinar la carrera de un maestro
y dañar las finanzas de la escuela. Por otro lado, hoy en día se
considera predator a todo maestro que quiera hablar con
un alumno fuera de clase de asuntos distintos de la materia que
imparte. La facilidad con la que los padres denuncian a las
escuelas y a los maestros hace que éstos sean extremadamente
cautelosos.
Para la Iglesia, la situación es todavía mucho peor porque,
debido a todo lo anterior y debido a los escándalos de abusos
sexuales, todas las diócesis de los Estados Unidos han
establecido rigurosas normativas que complementan las
legislaciones estatales y municipales en la materia. Además, los
sacerdotes, religiosos, catequistas y maestros, tienen miedo, y
ya no se quieren arriesgar a proponer y testimoniar la fe de un
modo directo a los jóvenes. Éste es uno de los motivos por los
que muchas escuelas católicas están perdiendo su identidad. Las
normas y el miedo hacen difícil aquello que, sin embargo, es
imprescindible para la Iglesia: la transmisión de la fe a las
nuevas generaciones. Es precisamente a través de la relación
directa, por medio de testimonios, retiros y relaciones
personales, como se es más efectivo en la transmisión de la fe.
Como dice el Papa Benedicto XVI, “el testigo de Cristo no
transmite solamente información, sino que está personalmente
implicado con la verdad que Cristo propone, y se convierte en un
punto de referencia del que depender”.
El riesgo es reducir la propuesta cristiana a valores éticos,
sentimientos, formación teológica o trabajo social. Ese
cristianismo no es capaz de superar los problemas de la vida o
interesar a los jóvenes y, además, pierde lo mejor de sí mismo:
Cristo. Por este motivo hace falta, por un lado, no subestimar
el peligro que corre la Iglesia y, por el otro, hacen falta
educadores que asuman el riesgo de ser verdaderos amigos de los
jóvenes, es decir, testigos de una fe íntegra. Para profundizar
en este diálogo es interesante leer el libro de Luigi Giussani,
Educar es un riesgo.
Doctor en economía.
Departamento de Escuelas de la Arquidiócesis de Miami.
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