El Papa destaca el aporte
de la comunidad hispana a Estados Unidos

Redacción de La Voz Católica / EFE

 El Papa Benedicto XVI saluda a la multitud el 16 de abril, al salir de la nunciatura apostólica en Washington para dirigirse hacia la Casa Blanca. EFE/Ricky Carioti / Pool

El Papa Benedicto XVI realizó una histórica visita a los Estados Unidos entre el 15 y el 20 de abril.

Con este viaje, Estados Unidos se convierte, junto con Polonia, en el país más visitado por los papas, con nueve ocasiones en total.

Al día siguiente de su llegada a la base Andrews, en Washington, el Papa visitó la residencia oficial del presidente de Estados Unidos. La ceremonia de bienvenida se celebró en los jardines de la Casa Blanca, donde se concentraron cerca de 13,000 fieles deseosos de ver a Benedicto XVI, que ese día cumplía 81 años.

 

 El Papa Benedicto XVI durante la visita que realizó a la “Zona Cero” de Nueva York, el domingo 20 de abril. EFE/Kathy Willens / Pool

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Varios gritos de “¡Que viva el Papa!”, en español, rompieron el protocolo de la ceremonia de bienvenida. Los “vivas” fueron pronunciados a la llegada del Papa por algunos de entre las decenas de miles de creyentes hispanos que se concentraron en torno a la Casa Blanca.

 El Papa Benedicto XVI saluda a los asistentes a la multitudinaria Misa que llevó a cabo el 20 de abril, en el estadio de los Yankees de Nueva York.
EFE/Chang W. Lee / Pool

La abundante y visible presencia hispana permitía constatar las cifras que indican que, de 70 millones de católicos en Estados Unidos, el 60 por ciento es de origen latino.

Algunos de los hispanos presentes eran residentes en Washington, pero otros llegaron desde la costa Oeste.

Por encima de sirenas y radios de la Policía, que mantenía una fuerte presencia de seguridad en el trayecto papal, dominaban los sonidos hispanos de panderetas, tambores y guitarras.

 Dos músicos tocan sus instrumentos en el Estadio Nacional donde el papa Benedicto XVI ofició una misa, en Washington D.C., EEUU, el 17 de abril de 2008. EFE/Matthew Cavanaugh

Muchos de ellos confesaban que habían llegado al rayar el alba para lograr un sitio favorable. “Llevamos aquí desde las 7 de la mañana para coger un buen sitio” explicó Simeona León, de Perú.

“Le seguimos porque es el mensaje de Cristo”, dijo Ana Estrada, de Puerto Rico. “Espero que nos traiga iluminación, un mensaje de gracia que nos haga sentir más cerca de Dios”, agregó.

Por su parte, Justino Díaz, sacerdote de la iglesia del Inmaculado Corazón de María (en Newark, Nueva Jersey), expresó su esperanza de que la visita del pontífice pueda producir cambios en la legislación migratoria.

“El Papa es una voz fuerte y apelará a la conciencia de los congresistas; espero que a ellos les llegue su mensaje”, dijo el sacerdote, mientras sus feligreses recordaban que “¡para Dios no hay inmigrantes!”

 La muchedumbre ondea banderas nacionales, entre ellas la de Perú, para saludar al Papa en su recorrido hacia la Casa Blanca, el 16 de abril. Teresa Martínez / Arquidiócesis de Miami

“No le conocemos tanto como a Juan Pablo II, pero con esta visita se va a ganar nuestro cariño”, explicó Romanita, una mujer de unos 30 años nacida en Estados Unidos e hija de inmigrantes mexicanos. “Yo creo que Benedicto XVI es un gran hombre, una persona profunda y muy intelectual”, añadió.

Entre los hispanos presentes en la ceremonia, también se pudo ver a algunos soldados en la zona reservada en los jardines de la Casa Blanca para los ex combatientes de las guerras de Irak y Afganistán.

Como había adelantado el Papa durante su vuelo hacia Estados Unidos, uno de los asuntos que abordó en su encuentro con el presidente Bush fue la situación de América Latina y la inmigración.

Sobre ese tema, ambos comunicaron “la necesidad de una política coordinada sobre la inmigración, dedicada especialmente al tratamiento de las personas y al bienestar de las familias”.

En este sentido, es preciso recordar que numerosos prelados se manifestaron el año pasado, públicamente, en favor de una reforma migratoria exhaustiva que permitiera regularizar la situación de cerca de al menos doce millones de inmigrantes ilegales que se calcula existen en Estados Unidos. Esa reforma migratoria fracasó finalmente en el Congreso. Desde entonces, varios condados y autoridades locales han aprobado rigurosas medidas contra los inmigrantes ilegales.

El 17 de abril, el Papa Benedicto XVI llegó a las 09:30 hora local (13:30 GMT) al estadio de los Nationals, el equipo de béisbol de la capital estadounidense, donde le esperaban unos 45,000 fieles para la celebración de la Misa.

En su homilía, el Papa recordó las “injusticias sufridas por las poblaciones americanas nativas” y por los “que fueron traídos de África por la fuerza como esclavos”.

Benedicto XVI recordó que el crecimiento de la Iglesia de Estados Unidos se debe a la llegada de inmigrantes latinoamericanos, y destacó “la vitalidad del testimonio de fe” de los fieles de lengua española.

Así lo afirmó el Papa, hablando en español, al final de su homilía.

“La Iglesia de Estados Unidos, acogiendo en su seno a tantos de sus hijos inmigrantes, ha ido creciendo gracias también a la vitalidad del testimonio de fe de los fieles de lengua española”, afirmó.

A ellos, el Papa les pidió que “no se dejen vencer por el pesimismo, la inercia o los problemas”, y que sean fieles a los “compromisos que adquirieron al ser bautizados”.

Asimismo, instó a los fieles hispanohablantes a “seguir contribuyendo al futuro de la Iglesia en este país y a la difusión del Evangelio”.

“Sólo si están unidos a Cristo y entre ustedes, su testimonio evangelizador será creíble y florecerá en copiosos frutos de paz y reconciliación en medio de un mundo muchas veces marcado por divisiones y enfrentamientos”, añadió.

El Papa subrayó su mensaje a los hispanos de Estados Unidos diciendo: “La iglesia espera mucho de ustedes. No la defrauden en su donación generosa”

La lengua española tuvo una presencia destacada en esta Misa. “La primera lectura de los evangelios se ha hecho en español”, señaló el P. Jesús Lizalde, nacido en México y párroco de la Iglesia de San Marcos, en Houston (Texas). “El Papa ha querido advertirnos que no nos desviemos del camino: los latinos somos importantes para la Iglesia”.

Benedicto XVI se despidió de Estados Unidos el 20 de abril, con una emotiva plegaria en la devastada “Zona Cero”, blanco de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, y con una Misa seguida por 57,000 personas en el viejo estadio de los Yankees de Nueva York.

En ese escenario, el pontífice escuchó los gritos de “¡Viva el Papa!” y “Benedicto, Benedicto”, muchos de ellos en español, desde las graderías.

El Papa ofició una Misa plurilingüe, con las principales intervenciones en inglés y español, pero en la que también se escucharon otras lenguas de países con población mayoritariamente católica.

Benedicto XVI tuvo otra vez palabras para la comunidad de inmigrantes hispanos en Estados Unidos, un país donde el 29 por ciento de los católicos proceden de América Latina, y donde el porcentaje aumenta hasta el 44.5 por ciento entre los que tienen entre 18 y 39 años.

El arzobispo de Nueva York, el Cardenal Edward Egan, leyó también un mensaje de bienvenida al Papa en español, en nombre de “la importante comunidad del Centro y Sur de América y del Caribe”.

Por la mañana, el Papa rezó con un grupo de personas en representación de las casi 3,000 víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Esa plegaria en la “Zona Cero” marcó el momento de mayor recogimiento y emotividad de la primera visita de Benedicto XVI a Estados Unidos.

También elogió a este país, donde dijo que “los católicos han encontrado no sólo la libertad para practicar su fe, sino también para participar plenamente en la vida civil, llevando consigo sus convicciones morales a la esfera pública, cooperando con sus vecinos a forjar una vibrante sociedad democrática”.