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Cambio de hábitos

Luego de casi 70 años, las Hermanas de San José dejan la escuela de la Catedral St. Mary en manos
de una nueva comunidad

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

 La Hna. Jane Stoecker (izq.), en su último año como directora de la Escuela de St. Mary, será sustituida por la Hna. Michelle Fernández, que en la actualidad se desempeña como directora asistente. Las Hermanas de San José dejarán la escuela luego de 70 años, y las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María se encargarán de la misma al finalizar este año de transición. Ana Rodriguez-Soto

Ellas establecieron la escuela, y la guiaron durante tiempos difíciles. Durante casi 70 años, nutrieron a sus estudiantes y a su personal con su espíritu.

Ahora llegó el momento en que las Hermanas de San José de St. Augustine dejarán de operar la Escuela de la Catedral St. Mary.

“Es muy doloroso”, dijo la Hna. Jane Stoecker, que terminará su último año como directora al finalizar este curso escolar. “Se siente el dolor, pero, ¿cuál es la voluntad de Dios?”

La escasez de vocaciones ha hecho imposible que las religiosas mantengan su presencia en St. Mary, dijo la Hna. Stoecker, por lo que la superiora general en St. Augustine “tomó la difícil decisión de retirar a nuestras hermanas”.

El anuncio fue hecho en mayo y, de inmediato, los sorprendidos feligreses y padres de la escuela iniciaron una campaña de cartas suplicando la permanencia de las religiosas. Pero la decisión fue definitiva.

“Entendemos sus necesidades. Todos somos egoístas, porque estas religiosas significan mucho para nosotros. Se han convertido en parte de nuestras familias”, dijo Marlyn Paris-Lawson, presidenta de la Asociación de Padres y Maestros de St. Mary. “Me emociono al hablar sobre ello”.

El dolor es compartido por la Hna. Stoecker y otras personas que han trabajado en la escuela y han realizado apostolado en la parroquia durante muchos años.

“Pero recordamos nuestros votos y seguimos la santa obediencia”, dijo la religiosa. “Que se haga la voluntad de Dios, no la mía. No puedo obstaculizarla”.

La más antigua y la más joven
La comunidad religiosa de las Hermanas de San José, que llegó de Francia en 1866, es la que más tiempo ha servido en la Florida. En 1939 inició su trabajo en St. Mary. Continuará afiliada al Hospital Mercy, al cual patrocina y donde ha realizado su ministerio desde la fundación del mismo, en 1950. Dos religiosas de San José permanecerán en otras dos escuelas arquidiocesanas: St. James, en North Miami, y St. Stephen, en Miramar.

Su lugar en St. Mary será ocupado por la más joven de las comunidades religiosas en el estado, las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, de Miami.

“Al Arzobispo le interesaba mucho que siguiera habiendo religiosas en la catedral”, dijo el P. Terence Hogan, su rector. “Después de discernir en la oración y comunicarnos con varias comunidades religiosas, sentimos que las Siervas de los Corazones Traspasados podían realizar esta valiosa misión”.

Las Siervas fueron fundadas como una comunidad arquidiocesana en 1990, dos años después que la Hna. Stoecker se convirtiera en directora de la Escuela de St. Mary. La Hna. Michelle Fernández, que se ha desempeñado como directora asistente durante este año de transición y se convertirá en la directora el próximo curso, tenía 12 años de edad cuando la Hna. Stoecker se hizo cargo de St. Mary en 1988.

“Todo es muy nuevo”, dijo la Hna. Fernández. “No me siento capaz, pero me siento confiada de que si Dios me llamó, Él proveerá todas las gracias que necesito”.

La Hna. Fernández indicó que pasará este año aprendiendo de la Hna. Jane. “Me convertiré en su sombra, absorbiendo todo lo que ella hace”.

Zapatos grandes
“Las religiosas que llegan tienen un inmenso par de zapatos que llenar”, dijo Paris-Lawson, quien se graduó de la escuela en 1982. “Será un largo período de ajuste para todos nosotros”.

Aunque sólo pasó dos años en St. Mary, Paris-Lawson dijo que su breve contacto con las Hermanas de San José marcó su vida profundamente. Su boda se celebró en la catedral. Sus hijas gemelas fueron bautizadas allí, y aunque en la actualidad reside a sólo unas cuadras de otra escuela católica en Broward, asisten a la Escuela de St. Mary.

“Es que no sentía lo mismo que en St. Mary”, explicó. “Cuando una persona llega a la escuela, se siente algo espiritual; hay algo sobre la escuela que denota paz”.

Paris-Lawson atribuye ese ambiente a las Hermanas de San José. Después de todo, eso fue lo que ella sintió desde su primer día allí, a la edad de 13 años. Sus padres recién se habían mudado al Sur de la Florida desde las Bahamas, y “la mudanza fue devastadora para mí”, explicó.

“St. Mary me ayudó a acostumbrarme a mi nuevo ambiente”, dijo. “En St. Mary nadie era extranjero. Era una gran familia”.

Las Hermanas de San José han podido mantener ese ambiente familiar a pesar de los cambios demográficos que han caracterizado al vecindario de la catedral a través de los años, “con anglosajones de clase alta en un principio, una mayoría de cubanos exiliados en la década de 1970, hasta la mayoría haitiana desde la década de 1980”.

Los problemas económicos y la merma en la matrícula han sido característicos de las pasadas tres décadas. Al principio la escuela llegaba hasta el duodécimo grado, y sus canchas de baloncesto fueron utilizadas en la película The Bells of St. Mary (“Las Campanas de St. Mary”), protagonizada por Bing Crosby.

En la actualidad, la matrícula permanece estable, con 300 estudiantes desde pre-primaria hasta el octavo grado. La escuela volvió a superar un difícil proceso de acreditación con gran éxito.

“Las Hermanas de San José han dejado un legado de excelente educación académica y espiritual durante los casi 70 años que su comunidad ha estado a cargo de la catedral”, dijo el P. Hogan. “Además, han tenido mucho éxito en unir las culturas. Nuestros estudiantes se han convertido en ciudadanos sobresalientes y ejemplares”, señaló.

 

Tierra de misión

“Nuestras hermanas se han sentido abundantemente ben-

decidas al poder servir a la diversidad de culturas que han llegado hasta nuestra escuela”, expresó la Hna. Stoecker al recordar la historia de la comunidad en el estado, cuando el Obispo Augustin Verot, entonces obispo de Savannah y administrador apostólico de la Florida, invitó a las religiosas francesas a que vinieran a realizar su apostolado con los esclavos liberados.

“Desde mi punto de vista, el apostolado en Miami es vital, y ciertamente es un territorio de misión”, dijo la religiosa. “En la actualidad, nuestro carisma continúa llamándonos a unir al prójimo con Dios, para que todos sean uno”.

De hecho, las Hermanas de San José se han adaptado de tal manera a la Pequeña Haití, que la Hna. Stoecker es conocida como “la monja haitiana blanca”.

“La sienten como parte de ellos”, indicó Paris-Lawson. “Las Hna.s de San José se han esforzado por conocer y entender las necesidades de la comunidad haitiana”.

La Escuela de St. Mary también representa un territorio misionero para las Siervas de los Corazones Traspasados. Para la congregación, cuyas religiosas son hispanas en su mayoría, ésta es la primera misión oficial en una comunidad predominantemente haitiana, “y la primera vez que vivimos en un convento en el lugar donde servimos”, dijo la Hna. Fernández.

Cinco de las Siervas de los Corazones Traspasados, incluyendo a la Hna. Fernández, residen ahora en el Convento de St. Mary. Dos de ellas servirán en la escuela, una servirá en la parroquia, y las otras dos continuarán su apostolado en la oficina de las misiones arquidiocesanas y en el Hospital Jackson Memorial.

En la actualidad, las Siervas cuentan con 19 profesas, tres novicias, tres postulantes y una aspirante sirviendo en la Arquidiócesis. La mayoría trabaja en programas parroquiales de evangelización o en apostolados de Respeto a la Vida.

“Nuestro carisma es promover el reino del amor de los dos corazones, al optar por amar en todas las cosas. Evangelizamos en todos los sectores de la sociedad”, dijo la Hna. Fernández.

Añadió que cada año, la madre superiora escoge un tema para la comunidad. El de este año es “abrir la tienda”, esto es, “llevar nuestro carisma a nuevos lugares donde no ha llegado. Cuando el arzobispo le pidió que asumieran esta misión, fue una confirmación”.

La Hna. Fernández dijo que su comunidad se esforzará por mantener la estabilidad de la escuela y continuar el legado de las Hermanas de San José.

“No somos las monjas hispanas. Somos las Siervas”, dijo, al añadir que “la bienvenida (de la comunidad haitiana) ha sido muy buena, muy cariñosa, muy entusiasta”.

Su reto será “unir las culturas y continuar el legado que las Hermanas de San José han establecido aquí”, expresó la Hna. Fernández.

“En verdad he vivido lo que es ser una religiosa y lo que es ser misionera, aunque sea aquí en Miami”, compartió. “Esto significa, simplemente, acoger al pueblo de Dios de la manera en que se ha sido llamada”.
 

Para despedir a las religiosas

Con el propósito de agradecer a las Hermanas de San José, y a la Hna. Jane Stoecker, sus años de servicio y dedicación a la Escuela de St. Mary, se está organizando un banquete oficial para finales del año escolar. Los ex alumnos de St. Mary, los actuales y los pasados feligreses, y otras personas interesadas en asistir, deben comunicarse con Marlyn Paris-Lawson por correo electrónico a
mparis-lawson@hotmail.com.